La Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) celebrará su 50.º aniversario con cambios significativos, tanto en su imagen como en su enfoque estratégico para afrontar los desafíos actuales del sector. Fundada en 1975, en un contexto económico distintas, la asociación ha evolucionado al punto de reemplazar su histórico logo con un pingüino, símbolo de un congelamiento de precios de la época, por una representación más actual: la letra «C».
Una nueva etapa para Copal
La transformación del logotipo es solo una muestra superficial del cambio que Copal está dispuesto a implementar. Según Carla Martín Bonito, la presidenta de la entidad desde abril de 2024, la agrupación se enfrenta a un contexto que, aunque ha cambiado, todavía refleja los problemas inflacionarios recurrentes que han caracterizado a la Argentina. Fundada durante el tercer gobierno peronista, Copal comenzó representando a 16 cámaras de fabricantes de alimentos y bebidas, y ahora nuclea a 33, un testimonio del crecimiento y adaptación de la organización.
Desafíos persistentes en un contexto económico cambiante
A pesar de los progresos, la industria alimentaria sigue lidiando con desafíos estructurales que han perdurado a lo largo del tiempo. Bonito menciona que, a raíz del contexto actual, “en la medida en que la inflación baja y los precios se estabilizan, los costos se ordenan”. Sin embargo, subraya que varios obstáculos, como la presión impositiva, afectan la competitividad de las empresas del sector.
Con el cambio de gobierno en el país, la necesidad de reformas estructurales se vuelve más urgente. “Esas reformas hoy son impostergables”, enfatiza Bonito, quien se convierte en la primera mujer en liderar la cámara. La historia de la Argentina, una nación que en su momento fue considerada el granero del mundo, ha cambiado drásticamente y ahora se enfrenta a un estancamiento que dura más de una década en su industria alimentaria.
Perspectivas de crecimiento y mejora
Uno de los datos más alarmantes es que, actualmente, la producción del sector alimentario se encuentra en niveles similares a los de 2013, con una capacidad instalada inferior al 60%. Esto significa que un 40% de la capacidad de producción se encuentra subutilizada. “Somos una potencia alimenticia subutilizada”, resalta Bonito, añadiendo que el país tiene un potencial notable en cada una de sus regiones.
Además, a pesar de que naciones cercanas como Brasil y Uruguay han registrado aumentos en sus exportaciones, Argentina no ha visto variaciones significativas en este aspecto. Hasta ahora, las exportaciones alimenticias argentinas contribuyen con un 40% de su total, generando ingresos anuales que ascienden a 30.000 millones de dólares, dirigidos principalmente a países como India, China y Brasil.
Una balanza comercial favorable
En cuanto a la balanza comercial, el sector alimentario arroja resultados positivos; en la última década, se ha exportado, en promedio, 15 dólares por cada 1 dólar importado. Esto demuestra el potencial de crecimiento del sector, que representa un 30% del Producto Bruto Interno (PBI) industrial y un 33% del empleo formal en la industria manufacturera. Sin embargo, Bonito es clara al afirmar que el motor de la industria está listo para despegar, pero requiere condiciones competitivas.
Demandas al gobierno para el futuro del sector
Con motivo de su aniversario, Copal ha preparado una serie de demandas que presentará al gobierno argentino. En la actualidad, una de las prioridades es la elaboración de productos con valor agregado, que posicionen a Argentina de manera competitiva en el mercado global, donde su participación actual no supera el 1,5%.
Bonito enfatiza la importancia de acelerar el acceso a los mercados internacionales, señalando que Argentina solo tiene 10 acuerdos comerciales en comparación con los 30 de Chile y más de 110 de la Unión Europea. “La estrategia de inserción es clave”, asegura, haciendo un llamado a la eliminación de barreras paraarancelarias que obstaculizan el crecimiento.
Diversificación y modernización del sector
Otro aspecto destacado es la necesidad de diversificar la matriz de productos. La presidenta de Copal señala que “el precio de la tonelada de exportación es de 600 dólares, cuando el promedio ronda entre 1.500 y 2.000 dólares”. Esto pone de relieve el potencial de transformación en el aprovechamiento de los recursos del campo hacia productos de mayor valor.
Finalmente, también se plantea seguir adelante con una modernización del sistema laboral, optimizando costos no salariales y reduciendo la litigiosidad. “Los costos no salariales representan entre 25% y 40% del sueldo de bolsillo”, concluye Bonito, sentando las bases de un diálogo necesario para avanzar.
A medida que Copal se reinventa y busca un futuro más competitivo, el camino hacia la modernización y la mejora estructural del sector alimentario en Argentina parece estar lleno de retos, pero también de oportunidades ante los cambios que se avecinan en el panorama económico.