La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el entorno laboral está generando un debate intenso sobre sus implicaciones en las habilidades humanas. Mientras que la tecnología promete mejorar la eficiencia, también plantea riesgos en la pérdida de capacidades críticas como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el juicio profesional.
La paradoja del «deskilling» en las empresas
Este fenómeno ha sido explorado por Eduardo Laens, CEO de Varegos y experto en transformación digital. Laens argumenta que el «deskilling», entendido como la erosión de habilidades esenciales, representa una paradoja para las empresas. Aunque los departamentos de recursos humanos invierten considerables recursos en desarrollar competencias futuras, la adopción rápida de la IA puede debilitar esas mismas capacidades.
Laens propone que el enfoque hacia la IA no debe ser de rechazo o una vuelta a métodos tradicionales. Según él, el verdadero desafío radica en emplear la IA como una herramienta que amplifique las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas. En su opinión, es crucial que los profesionales formulen sus propias hipótesis antes de recurrir a la IA, separando ciertas tareas para trabajar sin asistencia tecnológica y permitiendo que los modelos actúen como interlocutores que desafíen las ideas en lugar de ofrecer respuestas automáticas.
“Una empresa puede tener todos los indicadores de productividad en verde y, al mismo tiempo, una fuerza laboral que ya no sabe cómo desempeñar su trabajo”, advierte Laens.
Investigaciones a nivel global sobre el impacto de la IA
El Foro Económico Mundial en su informe sobre el futuro del trabajo para 2025, estima que el 39% de las competencias laborales actuales cambiarán antes de 2030. Este estudio señala que el 85% de los empleadores tiene previstas inversiones en programas de capacitación. Sin embargo, habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad analítica y la resiliencia son las más valoradas, precisamente aquellas que podrían deteriorarse con una dependencia excesiva de modelos de IA.
Las preocupaciones no son abstractas; investigaciones como la realizada por el MIT Media Lab revelan que aquellos participantes que escribieron sin asistencia tecnológica mostraron conexiones neuronales más fuertes, mientras que los usuarios de modelos generativos presentaron una actividad cerebral mucho más débil. Este efecto pone de manifiesto un fenómeno denominado «deuda cognitiva», que sugiere una dependencia intelectual que puede entorpecer la integración real del conocimiento adquirido.
La relación entre confianza en la IA y pérdida de pensamiento crítico
Un estudio realizado por Microsoft Research y Carnegie Mellon University destaca que a mayor confianza en la IA, menor es el pensamiento crítico aplicado. Los trabajadores que se apoyan excesivamente en la tecnología tienden a convertirse en simples verificadores de hechos, aceptando respuestas sin cuestionamiento, lo que genera un círculo vicioso de dependencia.
Además, un análisis de Michael Gerlich mostró que los jóvenes de entre 17 y 25 años muestran una gran dependencia de estas herramientas y, paralelamente, niveles más bajos de pensamiento crítico. Sin embargo, la educación superior parece ofrecer cierta protección contra esta tendencia.
Laens también resalta una investigación publicada en The Lancet Gastroenterology & Hepatology, donde médicos que habían trabajado con asistencia informática en procedimientos de colonoscopía demostraron una reducción del 6% en la detección de adenomas al trabajar sin ayuda de IA. Esto indica que aunque los profesionales no han perdido conocimientos, sí han dejado de realizar observaciones detalladas.
Sectores más vulnerables al deskilling
El fenómeno del deskilling no se limita a la medicina. Sectores como el desarrollo de software, el marketing, el periodismo, y el derecho son igualmente susceptibles a la pérdida de habilidades. Esta simplificación del trabajo se basa en la premisa de que las capacidades de interpretación y análisis son esenciales en estas áreas. Sin embargo, muchas organizaciones solo evalúan aumentos de productividad sin preguntarse si sus profesionales aún poseen las habilidades necesarias para realizar tareas sin el soporte de la tecnología.
La paradoja de la eficiencia
La utilización de IA a menudo incrementa la complejidad organizacional, en lugar de disminuirla. Julián Colombo, CEO de la fintech N5, advierte que al automatizar procesos ineficientes, los errores ocurren más rápidamente. Este aumento en las tareas automatizadas suele ir acompañado de una mayor necesidad de supervisión para corregir errores generados por los sistemas de IA. Según un estudio de la consultora EY, el 59% de los trabajadores latinoamericanos reporta que su carga laboral ha aumentado, a pesar del auge de soluciones tecnológicas.
Redefiniendo el papel del talento humano
Camila Nievas, especialista en adquisición de talento de Adecco Argentina, señala que la inteligencia artificial no debe considerarse una sustituta del talento humano, sino una herramienta que redefine cómo se genera valor en las organizaciones. La clave para un futuro laboral exitoso será la capacidad de combinar la innovación tecnológica con el desarrollo de habilidades humanas que la IA aún no puede replicar.
Empresas como Santex están tomando medidas para evitar la pérdida de conocimiento. Su CEO, Juan Santiago, ha introducido un marco de trabajo que combina la automatización con el desarrollo de talento. Durante el último año, Santex destinó 9,369 horas de capacitación, lo que equivale a 29 horas por empleado, y ha alcanzado un 92% en programas de reentrenamiento en IA. Este modelo incluye también una segmentación de los colaboradores en diferentes niveles de adopción tecnológica, permitiendo así un enfoque formativo personalizado.
El futuro del trabajo dependerá tanto de la capacidad de aprendizaje rápido como de la preservación de las habilidades humanas en un entorno cada vez más dominado por la inteligencia artificial.