La reciente quiebra de Garbarino, una de las cadenas más emblemáticas de electrodomésticos en Argentina, marca el fin de una era en el comercio minorista del país. A tan solo unos días de la declaración oficial, la compañía ha comenzado a cerrar sus últimos puntos de venta, entre los cuales se encuentra la sucursal situada frente a los Tribunales en el centro de Buenos Aires. Este emblemático local, que ha sido testigo de innumerables transacciones durante décadas, ahora muestra persianas bajas y una desoladora falta de actividad, simbolizando el colapso de una empresa que fue pionera en su sector.
La declaración de quiebra: contexto y consecuencias
El 4 de marzo de 2023, el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, bajo la dirección del juez Fernando D’Alessandro, declaró la quiebra de Garbarino. Esta decisión fue consecuencia del fracaso del concurso preventivo iniciado en 2021, en el que la empresa intentó renegociar sus deudas y no logró llegar a un acuerdo con sus acreedores. Como parte del proceso, se dispuso la desapoderamiento de la empresa sobre todos sus bienes, los cuales ahora pasan a formar parte de la masa falencial que será administrada por la sindicatura.
Desde ese momento, la atención se centra en un aspecto crucial: la identificación y liquidación de activos que puedan ayudar a compensar las deudas acumuladas por Garbarino. Esta etapa es crítica, ya que determina cuánto valor real se podrá recuperar en el proceso de liquidación judicial.
Un inventario exhaustivo de bienes
El fallo judicial incluyó la orden de mantener una inhibición general de bienes en todos los activos que la empresa poseía, lo que implica la revisión de varios registros públicos para detectar cualquier propiedad a nombre de Garbarino. Este inventario abarca desde registros inmobiliarios y automotores hasta marcas y participaciones en otras compañías.
En particular, la empresa tiene participaciones significativas en empresas de tecnología en la provincia de Tierra del Fuego, como Tecnosur S.A. y Digital Fueguina S.A. Estas participaciones son vistas como posibles activos valiosos para la ventana de liquidación, dependiendo de su situación financiera actual.
La situación del inventario en las tiendas
Además, la sindicatura planea realizar un inventario detallado de los locales y oficinas de Garbarino para detectar bienes que aún queden en sus almacenes. Según un informe presentado en enero de este año, la compañía contaba con apenas 1.597 unidades de mercadería, la cual ya se encontraba en estado de deterioro y no había sido valorizada debido a su obsolescencia. Este complejo escenario se agrava por la falta de reposición de productos, lo que ha llevado a que la mercancía sea considerada no solo obsoleta, sino también irrecuperable en términos comerciales.
El valor de las marcas en el proceso de liquidación
Uno de los puntos más críticos del proceso de liquidación es sin duda la cartera de marcas de Garbarino. Reconocidas en el mercado argentino, estas marcas tienen el potencial de generar un valor significativo si se manejan adecuadamente en el marco de su venta. La sindicatura ha hecho hincapié en la necesidad de preservar y eventualmente enajenar las marcas registradas vinculadas a la empresa para evitar su depreciación o pérdida.
Para ello, se ha solicitado al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) que informe sobre el estado de las marcas de Garbarino, lo que permitirá identificar cuáles están vigentes y cuáles han expirado. Este es un paso fundamental, dado que las marcas en buen estado pueden atraer a posibles compradores interesados en relanzarlas o capitalizar su reconocimiento en el mercado.
El futuro de la marca y los empleados
Garbarino, que contaba con más de 300 sucursales y más de 5.000 empleados en su apogeo, hoy enfrenta una realidad desoladora con todos sus locales cerrados y sin actividad operativa. El camino futuro de la marca y el resto del patrimonio de la empresa dependerán del desarrollo del proceso judicial y de cómo se manejan sus activos en la liquidación.
El expediente se encuentra en una etapa inicial de liquidación, donde aún existe la incertidumbre sobre cuánto se podrá recuperar de una compañía que, al momento de su quiebra, había reducido drásticamente su operación a solo tres sucursales y menos de veinte empleados. Este es un recordatorio de cómo las grandes empresas pueden experimentar rápidos descensos y cómo la administración de sus activos puede resultar crucial para recuperar inversiones, no solo para sus acreedores, sino también para mantener un legado empresarial que ha sido parte integral de la historia comercial argentina.
En el marco de esta crisis empresarial, se vuelve urgente la necesidad de transparencias y protocolos claros que puedan guiar a la sindicatura en su misión de identificar y maximizar los activos restantes de Garbarino, en un intento de mitigar las pérdidas para todos los involucrados en este triste desenlace.