El sector logístico se encuentra en un punto de inflexión crucial mientras se adentra en el nuevo año. A medida que el entorno comercial se transforma, los operadores logísticos deben reconfigurar su papel dentro de las cadenas de valor, adoptando una postura más estratégica que meramente operativa. La tendencia es clara: la logística ya no se limita a la ejecución de tareas, sino que debe anticipar escenarios y acompañar la transformación de sus clientes hacia modelos más eficientes y sostenibles.
Redefiniendo el vínculo entre empresas y operadores logísticos
A medida que las empresas evalúan sus operaciones, surge la necesidad de establecer relaciones más profundas y estratégicas con los operadores logísticos. Las organizaciones buscan socios capaces de ofrecer soluciones integrales, optimizar inventarios y gestionar riesgos, lo que convierte a la logística en un factor diferencial y de competitividad en el mercado. Este cambio de paradigma implica un desplazamiento de la percepción de la logística de un mero centro de costos a un activo estratégico.
La tecnología juega un papel fundamental en este proceso. La digitalización de procesos, la integración de sistemas y el uso intensivo de datos permiten no solo mejorar la trazabilidad sino también tomar decisiones más informadas y precisas en entornos altamente dinámicos. Según Marcelo Ormachea, director de Celsur, el desafío radica en incorporar tecnología con un objetivo claro: “ganar agilidad, eficiencia y capacidad de adaptación”.
Desafíos operativos en el sector logístico de la región
Recentemente, una encuesta llevada a cabo por la publicación especializada Logistec reveló que la adaptación tecnológica y el cambio cultural son los principales desafíos a los que se enfrentan un 32,6% de los operadores logísticos encuestados. Este dato subraya una brecha que no solo se limita a la disponibilidad de herramientas digitales, sino que se extiende a las capacidades de las organizaciones para integrar nuevas formas de trabajo.
El aumento de los costos operativos y de transporte es otra de las principales preocupaciones, señalada por un 27,8% de los encuestados. En un contexto macroeconómico variable, el control de costos se convierte en una necesidad que exige revisar procesos, optimizar rutas y buscar economías de escala. Asimismo, un 17,4% de los operadores mencionó el déficit de infraestructura como un obstáculo considerable, limitando la competitividad y eficiencia del sistema.
Construir un sistema logístico más eficaz implica superar otros desafíos, como la falta de visibilidad y trazabilidad, que afecta a un 13,9% de los operadores. La incapacidad para obtener información en tiempo real puede atrasar la toma de decisiones y complicar la coordinación con socios esenciales. Por último, la escasez de talento especializado, identificada por un 8,3% de los encuestados, resalta la dificultad de encontrar y retener perfiles con las capacidades necesarias en un entorno que necesita transformación constante.
Mirando hacia el futuro: especialización y sostenibilidad
De cara a 2026, la especialización logística será un componente clave en la evolución del sector. La demanda de soluciones a medida en sectores como la energía y la minería está en aumento, así como la necesidad de que las cadenas de suministro se acorten y anclen regionalmente. Este fenómeno, conocido como nearshoring, enfatiza la importancia de la proximidad entre producción, almacenamiento y consumo para reducir tiempos y costos.
La sostenibilidad se ha convertido en una variable estratégica inseparable de la logística moderna. La optimización de flotas y la reducción de la huella de carbono son ahora parte integral de la planificación logística, impulsadas por regulaciones y demandas de los clientes. No solo se trata de cumplir normativas, sino también de responder a un mercado que valora el desempeño ambiental como un atributo distintivo.
El potencial de la electromovilidad en la logística
La electromovilidad se perfila como uno de los temas cruciales hacia 2026. A pesar de que Argentina enfrenta un retraso en la adopción de soluciones energéticas limpias, existen oportunidades para acelerar este proceso. La electromovilidad, que implica la transición hacia tecnologías de transporte eléctricas, acaricia la posibilidad de transformar la red logística.
Un dato relevante es que durante 2024 se registraron 14,175 vehículos electrificados, un crecimiento del 48% comparado con el año anterior, como señala José Carlos Gómez, director de Thermo King. Sin embargo, la transición aún no se ha materializado con la misma fuerza en áreas fundamentales, como el transporte de carga refrigerada, donde la necesidad de modernización es crítica.
“Es necesario avanzar hacia una logística de carga refrigerada sustentable para reducir la huella ambiental en áreas urbanas”, menciona Gómez. Dada la alta intensidad energética de este segmento, la transición hacia opciones eléctricas constituye una oportunidad estratégica. Esto no solo significa un cambio en los vehículos, sino que implica repensar toda la cadena de valor en términos de eficiencia y sostenibilidad.
La electromovilidad no solamente busca sustituir motores diésel; también es un llamado a transformar la logística hacia un enfoque sostenible. La presión por el cumplimiento regulatorio y la integración de tecnologías limpias se convertirá en un estándar esencial para la competitividad en el futuro.