En un contexto económico cada vez más complejo, las cifras sobre el trabajo informal revelan una realidad preocupante en Argentina. Durante la reciente edición de la Experiencia IDEA Rosario, el viceministro de Economía destacó que el sector informal ha sido clave para evitar un desempleo descontrolado. Sin embargo, esta declaración, que podría interpretarse como un elogio a la adaptabilidad del mercado laboral, es, en verdad, un reflejo de un problema estructural de gran magnitud.
La alarmante tasa de informalidad
Los datos son contundentes. Según el INDEC, la tasa de informalidad laboral alcanzó un alarmante 44,2% en el primer trimestre de 2026, convirtiéndose en la cifra más alta en años recientes. Esto implica que más de cuatro de cada diez trabajadores en el país carecen de aportes jubilatorios y de acceso a beneficios de salud. Esta situación se agrava al considerar que el empleo asalariado privado formal ha perdido aproximadamente 217.000 puestos desde noviembre de 2023. A su vez, la subocupación se sitúa en un preocupante 11,1%, lo que refleja la precariedad de las fuentes de ingreso para muchos argentinos.
Además, en sectores como la construcción, casi el 70% de los trabajadores se encuentra en la informalidad. Esta contradicción es notable; aunque ha aumentado el número total de personas ocupadas, el empleo formal ha disminuido, creando un escenario en el que el refugio laboral acaba siendo la única opción viable para muchos.
Entendiendo la informalidad laboral
Para comprender mejor este fenómeno, es relevante recordar el trabajo del antropólogo Keith Hart, quien en la década de 1970 introdujo el concepto de «sector informal». Hart afirmó que las actividades económicas que operan al margen de lo regulado podrían llegar a convertirse en la principal fuente de empleo en contextos económicos que no generan suficiente ocupación moderna.
El Nobel de Economía W. Arthur Lewis también aportó valiosas perspectivas a esta discusión. En su modelo de economía dual, describió cómo un sector moderno de alta productividad convive con uno tradicional de subsistencia. Según Lewis, el progreso económico se mide por la transferencia de trabajadores del sector menos eficiente al más productivo. Cuando ocurre lo contrario, se está frente a un retroceso. Esto es exactamente lo que está ocurriendo en la actualidad, donde el empleo formal se contrae y la mano de obra se «absorbe» en condiciones cada vez más precarias.
Por su parte, el economista Santiago Levy analiza que la informalidad no solo actúa como un amortiguador ante el desempleo a corto plazo, sino que ralentiza el crecimiento económico a largo plazo al mantener en funcionamiento unidades económicas pequeñas y poco eficientes.
Las repercusiones de la informalidad
La creciente informalidad plantea una serie de problemas estructurales. Para empezar, erosiona la base contributiva que sostiene tanto la seguridad social como el sistema de salud, mientras que disminuye la base tributaria del país. Esto genera un ciclo vicioso que afecta aún más a las empresas formales que cumplen con sus obligaciones.
De cara a la reforma laboral, cabe destacar que se deben identificar soluciones que vayan más allá de temporalidades o arreglos superficiales. La calidad del empleo es un aspecto fundamental si se pretende una estabilidad económica duradera. La creación de un entorno donde el trabajo formal y productivo sea la norma, en lugar de la excepción, es esencial para alcanzar un desarrollo sostenido.
La necesidad de un cambio estructural
La situación actual se presenta como una alerta inminente. La informalidad récord no es un signo de éxito, sino un indicador de una economía que aún no puede generar el empleo formal necesario. El verdadero desafío radica en construir un sector moderno capaz de hacer innecesario el refugio en la informalidad.
Estabilizar la economía en términos nominales es, sin duda, un primer paso, pero confundir esta estabilización con un fin en sí mismo podría llevar a futuros fracasos. La clave está en centrarse en un crecimiento real y sostenido que priorice la calidad del empleo, fomentando la inversión y la formalización de las actividades económicas.
El tiempo de celebraciones por el aumento de la ocupación no formal debe cesar. Es hora de abordar estas realidades difíciles y trabajar en soluciones que cierren la brecha entre el empleo informal y formal. Sin acciones efectivas, el país podría verse atrapado en un ciclo de informalidad que limite sus posibilidades de progreso económico y social.
Para mayor información sobre las causas de la informalidad laboral en Argentina, puede consultarse el INDEC o el análisis detallado de El Economista.