La creciente morosidad en Argentina se ha convertido en un tema preocupante que afecta tanto a los individuos como al sistema financiero en su conjunto. En un contexto económico complicado, los préstamos han visto un aumento significativo en el incumplimiento de pagos, lo que plantea serios obstáculos para la recuperación económica del país. Según un reciente informe de la consultora Equilibra, la morosidad se ha quintuplicado en los últimos 18 meses, impidiendo que la disminución de las tasas de interés se traduzca en financiación accesible para el sector privado.
El panorama actual de la morosidad en Argentina
En mayo de 2026, Argentina cuenta con aproximadamente 20,7 millones de individuos endeudados. Este vasto número revela un panorama financiero complejo: el 37,7% (equivalente a 7,8 millones de personas) mantiene créditos únicamente con entidades bancarias. Un 36,7% (unas 7,6 millones) se financia a través de ambos tipos de instituciones, mientras que el 25,6% (aproximadamente 5,3 millones) obtiene sus créditos exclusivamente de entidades no financieras, como fintech. Este último grupo ha crecido especialmente debido a las dificultades que enfrentan algunos prestatarios para cumplir con los requisitos establecidos por los bancos.
Dentro de este contexto, un dato alarmante destaca: más del 50% de quienes acceden a créditos a través de entidades no financieras tienen atrasos en sus pagos. En contraposición, el porcentaje es significativamente menor entre aquellos que solo utilizan bancos, donde se sitúa en un 20%, y solo 17% entre los que manejan créditos en ambas instancias.
Un problema socioeconómico creciente
La morosidad se ha transformado en un grave problema socioeconómico. Después de agrupar todo el financiamiento del crédito privado, el índice de morosidad en mayo alcanzó el 9,7%, un incremento notable respecto al 2% que se registraba 18 meses atrás. Esta situación es más aguda en las empresas, con un índice de incumplimiento de 16,1%, en comparación con 3,5% para las personas físicas.
La consultora Equilibra atribuye este fenómeno a un «boom de crédito» que se presentó inicialmente como una oportunidad, pero que ahora ha generado serias complicaciones. Este auge de financiamiento fue impulsado por un equilibrio fiscal que permitió a los bancos aumentar su oferta, pero también por una demanda creciente de los prestatarios, quienes buscaban amortiguar la caída de sus ingresos. La realidad, sin embargo, es que muchas familias no logran cubrir ni los gastos más básicos, y el incumplimiento no se limita a los créditos, sino que también ha comenzado a impactar en pagos de servicios básicos y otros compromisos.
Financiamiento a través de fintech: ¿una alternativa viable?
Un análisis realizado por LCG revela que el crédito no bancario ha representado el 13,7% del financiamiento total al sector privado, con un notable 91,6% de estos préstamos dirigidos a familias. No obstante, se ha observado que la morosidad en estos préstamos no bancarios alcanza un alarmante 28,7%, comparado con solo un 7,3% en los bancos. Es importante destacar que el endeudamiento de los hogares con entidades no bancarias equivale a aproximadamente 0,4 meses de ingresos de la masa salarial mensual.
Juventud y morosidad
Los jóvenes son quienes enfrentan mayores desafíos. Según el informe de Equilibra, casi 40% de las personas de entre 18 y 29 años se encuentran en mora. Este porcentaje es considerablemente menor entre los adultos de 30 a 64 años, donde la cifra llega al 27,5%, y se reduce aún más al 16,4% entre los adultos mayores. La mayoría de la financiación para los jóvenes proviene de fintech, que también son las instituciones donde se presentan los mayores índices de morosidad.
Perspectivas y futuro de la morosidad
La situación actual ha llevado a autoridades como el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, a manifestar que la morosidad podría haber alcanzado un pico durante el segundo trimestre del año. Este planteamiento sugiere que los futuros datos podrían indicar un contención en la dinámica de morosidad. Sin embargo, en muchos bancos privados se advierte que aunque las familias podrían haber tocado un techo en su morosidad, las empresas, especialmente las pymes, continúan enfrentando desafíos significativos.
La consultora 1816 ha señalado que durante mayo y junio, el crédito en pesos al sector privado dejó de caer en términos reales; no obstante, no se observan mejoras significativas. Además, proyectan que, de aquí a las elecciones del próximo año, el crédito a las familias no será un motor sustancial para la actividad económica, ya que más del 27% de las personas que habían solicitado préstamos han dejado de cumplir con los requisitos para ser considerados «sujetos de crédito», lo que afecta a aproximadamente 5,6 millones de personas.
Esta situación revela un panorama complejo y lleno de incertidumbres para el futuro económico del país. La creciente morosidad no solo es un indicador del presentismo económico, sino también un reflejo de la fragilidad del sistema de crédito y la necesidad urgente de un abordaje integral que contemple no solo medidas financieras, sino también educativas y sociales para una recuperación sostenida.