La reciente reducción de los derechos de exportación al sector agropecuario ha suscitado un intenso debate en la esfera económica argentina. Muchos se preguntan si esta disminución es suficiente para fomentar un aumento significativo en las exportaciones. Aunque los primeros datos indican una cosecha sin precedentes de más de 163 millones de toneladas de granos durante la campaña agrícola 2025/2026, el salto en las cantidades exportadas no ha sido tan evidente.
Desempeño dispar en las exportaciones
Según un análisis realizado por Macro-UNAJ, la comparación entre el primer semestre de 2026 y el mismo período de 2025 revela un desempeño heterogéneo entre los principales productos agrícolas. En este sentido, las cifras de exportación son las siguientes:
- Soja: 2,52 millones de toneladas (2026) frente a 2,85 millones (2025).
- Harina de soja: 12,42 millones de toneladas (2026) comparado con 12,25 millones (2025).
- Aceite de soja: 2,72 millones de toneladas (2026) por encima de 2,68 millones (2025).
- Trigo: 9,10 millones de toneladas (2026) frente a 8,70 millones (2025).
- Maíz: 18,90 millones de toneladas (2026) en comparación con 17,95 millones (2025).
Aunque se observa un crecimiento en productos como harina y aceite de soja, la soja y su importación han presentado desaceleraciones. En términos generales, los datos sugieren que, aunque existen mejoras en ciertos rubros, no se han producido cambios significativos en el volumen total de exportaciones.
Impacto de la reducción de derechos de exportación
Entre enero y noviembre de 2025, los derechos de exportación alcanzaron el 33% para la soja, el 31% para la harina y el aceite de soja, y el 12% para trigo y maíz. La disminución en estos porcentajes, implementada desde diciembre de 2025, tenía como objetivo incentivar el sector exportador. Sin embargo, los datos iniciales sugieren que el impacto sobre las cantidades exportadas ha sido limitado.
La evolución mensual muestra picos y mínimos que permiten entender el impacto de la reducción de las retenciones, pero la lectura aún no indica una ruptura clara con respecto a la dinámica previa. Esto sugiere que la baja de retenciones no ha generado una respuesta inmediata en los volúmenes exportados, a pesar de las condiciones más favorables del contexto internacional.
Condiciones del mercado internacional
Durante el primer semestre de 2026, los precios internacionales de los productos agrícolas se posicionaron por encima de los niveles de 2025, salvo en el caso del maíz. Este entorno externo ha sido, en general, más favorable para el sector agroexportador. La combinación de menores derechos de exportación y precios internacionales elevados ha creado, en teoría, un escenario propicio para el crecimiento.
Aun así, a pesar de una cosecha récord, las cantidades exportadas no han experimentado un aumento explosivo. Esto lleva a plantear interrogantes sobre una posible acumulación de existencias entre los actores del agronegocio. ¿Estarán acopiando los productores, esperando mejores condiciones en el futuro?
Expectativas de devaluación y su efecto en las exportaciones
La reciente reactivación del tipo de cambio, tanto en el paralelo como en el oficial, ha revitalizado un viejo debate: ¿están algunos productores y parte del sector exportador esperando una devaluación? El pico de junio en las exportaciones se ha repetido en ambos años, lo que sugiere que el panorama podría cambiar entre ahora y noviembre.
Con un contexto de precios internacionales más altos, las exportaciones de cereales y oleaginosas han mostrado cierta estabilidad, aunque no han pasado por sobresaltos significativos.
Implicaciones para el superávit fiscal
El debate sobre la situación del agro argentino también se entrelaza con las consideraciones sobre el superávit fiscal y el tratamiento que reciben los exportadores. Un artículo de Carlos Miral en Ámbito destaca que las restricciones presupuestarias están limitando la devolución de impuestos a las empresas exportadoras. Alarmas han sonado en el sector desde fines de 2025, cuando comenzaron a disminuir las devoluciones, culminando en febrero con la falta de pagos por reintegros o IVA.
En el caso del IVA, las empresas generan créditos que no pueden trasladar al cliente final al exportar, lo que complica aún más el panorama. Por otro lado, los reintegros funcionan como un incentivo asociado a la extensión de cada cadena de valor.
Frente a estas circunstancias, los datos sugieren que, a pesar de que los precios internacionales han mejorado y se han reducido los derechos de exportación, las cantidades exportadas no han aumentado proporcionalmente con respecto a la cosecha.
Reflexiones finales sobre la política económica agropecuaria
A pesar de las expectativas de que la disminución de derechos de exportación aliviaría costos y márgenes, el aumento en los precios de insumos como el gasoil complica la situación. La recaudación fiscal también se ha visto afectada, y es evidente que esta modificación por sí sola no aborda los desafíos estructurales del sector agropecuario argentino.
Es imprescindible ampliar el marco del debate y no caer en la dicotomía de «retenciones sí» o «retenciones no». En comparación, EE. UU. no aplica derechos de exportación, pero implementa un sistema de subsidios estratégicos a sus productores, permitiéndoles mantenerse como una de las principales potencias agrícolas a nivel global. La discusión debe enfocarse en cómo los subsidios pueden ser utilizados como herramientas para el desarrollo, en lugar de ser considerados un fin en sí mismos.