El escenario económico actual de Argentina presenta un importante desafío: manejar la inflación descontrolada y conseguir un superávit fiscal. En el marco del Presupuesto 2026, diversas estrategias están siendo implementadas por el gobierno, que se enfrenta al reto de alcanzar un objetivo crucial, el de conseguir un superávit primario del 1,5% del Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, el contexto inflacionario y las proyecciones de crecimiento generan dudas sobre la viabilidad de estas metas.
Inflación y presupuesto: un matrimonio poco armonioso
El nuevo plan fiscal del gobierno argentino estima que los precios aumentarán un 10,1% en 12 meses, una cifra que muchos economistas consideran optimista, teniendo en cuenta el arrastre inflacionario del año anterior, donde el Índice de Precios al Consumidor (IPC) superó el 2% mensual.
La administración del ministro Luis Caputo ha visto cómo el Congreso aprobó gastos adicionales que no estaban contemplados en el presupuesto inicial, como las leyes de financiamiento universitario y la de emergencia en discapacidad. Sin embargo, se espera que la licuación del gasto por efecto de la inflación sea una de las herramientas más efectivas para lograr un equilibrio en las cuentas fiscales.
Proyecciones y realidades económicas
Daniel Artana, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), destacó que el diseño del presupuesto se basa en la expectativa de un incremento del 20% en el PIB nominal respecto a 2025. Pero, según Artana, es poco probable que la inflación se mantenga dentro de las metas fijadas, lo que podría generar desfasajes significativos en las proyecciones de crecimiento.
El economista advierte que “si la inflación resulta ser más alta de lo esperado, ello podría compensar la disminución del crecimiento real previsto, que es de un 5% para este año”. En su reciente artículo en la revista “Indicadores de Coyuntura”, Artana remarcó que la nominalidad en la economía podría traducirse en ingresos adicionales en pesos, lo que permitiría hacer frente a los gastos no ajustables por inflación sin afectar las asignaciones ya aprobadas por el Congreso.
Superávit fiscal: resultados de 2025 y expectativas futuras
En 2025, el superávit primario estaba proyectado en un 1,6% del PBI, cifra claramente influenciada por las metas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este objetivo se tradujo en la necesidad de alcanzar un superávit de aproximadamente $10,4 billones, meta alcanzada en octubre del mismo año. Sin embargo, considerando que la economía creció un 4%, el superávit se redujo a 1,3% del PBI, lo que evidenció la complejidad de la situación fiscal en momentos críticos del año.
Datos relevantes sobre ingresos y gastos
- Ingresos Totales de la Administración Pública Nacional (APN) tuvieron una variación positiva del 7,2% real.
- Sin embargo, excluyendo el impacto de un giro extraordinario de utilidades del Banco Central por $11,9 billones, la variación negativa real ascendió al 2,6%.
- El Gasto Total devengado de la APN mostró un crecimiento interanual del 3,1% real en diciembre.
Si se consideran los pagos por intereses, cuya variación fue negativa del 17,9%, el Gasto Primario aumentó un 3,9%, indicando un manejo complejo de las cuentas públicas. Al final del ejercicio, la APN registró un resultado deficitario de $4,68 billones, aunque al restar los pagos de intereses, el déficit se redujo a $4,25 billones.
El camino por delante: desafíos y oportunidades
La cuestión del superávit fiscal se presenta como un fenómeno de doble filo; por un lado, alcanzar las metas en 2026 parece posible, gracias a la licuación de los gastos, pero por otro lado, se abre un interrogante significativo para 2027, cuando las proyecciones deberán basarse en la ejecución real del año anterior.
La combinación de un gasto inflacionario descontrolado y la necesidad de alcanzar un superávit primario obliga al gobierno a replantearse sus estrategias, considerando tanto los desafíos económicos actuales como la imperante necesidad de mantener la estabilidad financiera en un contexto de inestabilidad.
En este marco, la adaptación de políticas fiscales y el monitoreo constante de las variables económicas son vitales para enfrentar las adversidades que se avecinan. Las decisiones que tomen los líderes económicos no solo marcarán el rumbo financiero de 2026, sino que también se proyectarán en las futuras generaciones de argentinos.