El panorama económico en Argentina se encuentra en un punto crítico a medida que se acercan las elecciones de 2027. Tras superar recientes escándalos políticos, el Gobierno ha decidido enfocar su atención en la reactivación económica y la mejora de los ingresos. Este enfoque se genera en un contexto donde la inflación parece bajar del 2% mensual y el Banco Central intenta mantener el dólar estable. Sin embargo, hay preocupaciones profundas sobre la naturaleza de esta estabilidad y qué significa realmente para el futuro del país.
Los dólares que entran y los que se van
El modelo económico argentino sigue dependiendo en gran medida de los sectores de energía, agro y minería para la generación de divisas. Este año, el saldo energético vinculado a Vaca Muerta proyecta alcanzar alrededor de USD 11,000 millones, mientras que las agroexportaciones podrían acumular más de USD 37,000 millones en un período de doce meses. No obstante, la situación comienza a complicarse cuando analizamos el destino de estas divisas. En mayo, la demanda para atesoramiento —es decir, la compra de divisas a partir de ahorros— fue de USD 1,900 millones, y las remesas de utilidades al exterior sumaron USD 476 millones. Esto revela que, a pesar de la generación de divisas, una parte considerable se destina a la salida del país, limitando las posibilidades de inversión interna.
La estabilidad que esconde una contracción
A pesar de la aparente estabilidad cambiaria, muchas veces se asienta sobre bases frágiles, como la baja demanda. Las importaciones continúan estancadas, lo que se atribuye a la reducción del consumo interno según estudios de mercado. Esto indica que la calma en el tipo de cambio no es necesariamente un signo de fortaleza económica, sino más bien una manifestación de una economía que se encuentra bajo presión. El informe del primer trimestre de 2026 muestra que, mientras el sector pesquero creció un 27.5%, la industria manufacturera sufrió una caída del 1.7%, y la inversión se desplomó un 11.6% interanual. Esto sugiere que los sectores que realmente generan empleo y valor agregado están en decadencia, cuyo reflejo más visible es el cierre de fábricas y la pérdida de empleos en áreas clave como la producción de baterías.
La advertencia que el propio oficialismo admite
La crítica interna al modelo económico no proviene solo de la oposición. Figuras del oficialismo, como el ex ministro Nicolás Dujovne, han señalado que la vía más probable es una «reactivación mediocre». Aunque existen indicios de una mejora salarial, la realidad es que este aumento se encuentra apenas por encima de la inflación y corre el riesgo de desvanecerse debido a incrementos en tarifas y otros costos. Por tanto, la recuperación es desigual, con un aumento de la morosidad en las familias. Es una situación que refleja una economía dual, con una parte que parece prosperar mientras otra continúa en crisis.
Por qué esto importa: la restricción externa intacta
De acuerdo con la teoría desarrollista, se perpetúa la contradicción en la economía argentina: aunque se generan dólares mediante la agricultura y la energía, se necesitan estos para sustentar una industria que depende de insumos importados. Como argumentó hace décadas Marcelo Diamand, si los dólares se fugan, esta restricción no solo se agrava, sino que se hace crónica. Estabilizar el tipo de cambio durante un periodo electoral no es suficiente; no diversifica las exportaciones ni asegura una reinversión necesaria para el crecimiento económico. El resultado final es un maquillaje administrativo que disimula problemas estructurales sin resolverlos.
La parte propositiva: qué haría un enfoque desarrollista
Para hacer frente a estas realidades, es crucial pensar en soluciones viables. Algunas propuestas incluyen:
- Condicionar beneficios a reinversión local: Asociar los beneficios de grandes proyectos extractivos a la reinversión en el territorio y la integración de proveedores nacionales.
- Incentivos para pymes: Desarrollar un esquema que aligere la carga tributaria y brinde acceso a crédito, premiando la creación de empleo formal.
- Política industrial selectiva: Impulsar sectores transables que generen mayor valor agregado y fomenten la economía del conocimiento.
- Regulación del atesoramiento: Administrar de manera inteligente la fuga de divisas sin implementar cepos que ahoguen la economía.
Es vital entender que la estabilidad económica es solo el primer paso; no debe ser el objetivo final. Tener una macroeconomía ordenada sin un desarrollo sostenible en el tejido productivo implica un simple respiro en un ciclo de tensión de divisas que puede volver a estallar. La dirección que el país tome hacia el futuro debería centrarse en el crecimiento real y no solo en el control de cifras a corto plazo. Porque, al fin y al cabo, no se trata solo de estabilizar, sino de desarrollar.