A más de un año del cierre del Aquarium de Mar del Plata, la situación se complica a medida que permanecen 66 animales dentro del predio sin un destino definido. La quiebra de Plunimar S.A., la empresa que administraba el parque, ha tomado un nuevo rumbo. Esta compañía ha comenzado a considerar la donación de parte de la fauna como una alternativa viable, algo que se menciona por primera vez en los documentos judiciales relacionados.
Nuevas gestiones para la reubicación de los animales
El contexto actual se deriva de un reciente cruzamiento de información presentada en el marco del juicio. Según una nota de Plunimar fechada el 23 de marzo, la empresa admitió que “se están llevando a cabo gestiones tendientes a la relocalización en carácter de donación” a instituciones como la Fundación Bubalcó, el Bioparque Batán y la Fundación Temaikén. Complementariamente, un informe del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense del 30 de marzo también menciona estas gestiones como parte de las alternativas que se están evaluando en el proceso judicial en curso.
Sin embargo, Plunimar también dejó claro que no se ha descartado la posibilidad de vender internacionalmente algunos de los pingüinos. Esta opción, no obstante, está muy condicionada por los requisitos sanitarios establecidos para la exportación, especialmente a raíz del brote de gripe aviar en Argentina, que limita el envío de ejemplares a varios países.
Un conflicto inesperado tras el cierre
La raíz del conflicto se remonta a la quiebra solicitada por Plunimar, que se produjo de manera urgente después de perder todos sus ingresos desde el cierre del parque en marzo de 2025. Esta situación la llevó a no poder cumplir con una tarea fundamental: dejar el predio vacío y sin animales. Si el plazo para la restitución vencía el 31 de marzo de 2026, la empresa llegó a ese punto sin lograr reubicar a la fauna, lo que la llevó a optar por declararse en quiebra.
Antes de tomar esa decisión, Plunimar había intentado convertir a los animales en activos vendibles para aliviar su situación financiera. En este marco, se informó que logró concretar la venta de diez delfines a Egipto por 800.000 dólares. Sin embargo, las demás negociaciones no fructificaron. Ofertas millonarias llegaron desde varios países: 750.000 dólares de México, 950.000 dólares de China y 250.000 dólares de un zoológico en San Pablo. Pese a los intentos, ninguna de estas operaciones se concretó debido a regulaciones estrictas y a falta de financiamiento.
Estado de los animales y su bienestar
Los animales que aún residen en el parque están compuestos por 62 pingüinos de distintas especies, como magallánicos, rey y saltarrocas, así como cuatro lobos marinos de dos pelos, identificados como Ciro, Joaco, Nazareno y Mía. A pesar de la falta de un futuro claro, los informes indican que los ejemplares se encuentran “en adecuadas condiciones médico-veterinarias y cumplen con estándares de bienestar animal”.
Una inspección realizada el 13 de marzo confirmó que los lobos marinos estaban activos y alertas, sin evidencia de situaciones que requirieran medidas inmediatas. No obstante, el estado de los animales no elimina la presión sobre la empresa, que sigue siendo la única responsable de su mantenimiento y bienestar, a pesar de haber declarado la quiebra. Este escenario ha generado una constante carga financiera para la firma.
Desarrollo inmobiliario y presión por desalojo
El conflicto se complica aún más por el hecho de que el predio, compuesto por unas nueve hectáreas frente al mar, debe ser devuelto completamente desocupado. Los terrenos pertenecen a la familia Peralta Ramos, conocida propietaria de la zona y ahora objeto de interés para desarrolladores urbanos, que están explorando proyectos que incluyen torres de alta gama y centros comerciales.
Recientemente, trascendió que una firma desarrolladora ha propuesto un proyecto por 20 millones de dólares en la misma área. Este creciente interés inmobiliario añade presión a la situación, ya que el futuro del predio requiere la reubicación de los animales, lo cual, si no se resuelve rápidamente, podría complicar aún más el proceso.
Mientras tanto, la opción de donación está tomando forma, pero sigue sujeta a múltiples autorizaciones. Cualquier traslado de los animales dependerá de la aprobación tanto de las autoridades judiciales como de las organismos técnicos.
La quiebra del Aquarium se ha transformado en un caso complejo, no solo desde el punto de vista financiero, sino también por el dilema de cuidar a seres vivos que, si bien están en buen estado, continúan atrapados en un proceso que busca un desenlace sin éxito.