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Algo de historia – Hoy: el Patron Oro

Una de las consecuencias más graves de la primera Guerra mundial fue, sin duda, la destrucción del sistema Monetario Internacional que hasta 1913 estaba regido por el patrón oro, siendo la libra esterlina, como lo es ahora el dólar para el sistema basado en los acuerdos de Bretón Woods, la moneda que servia de comodín para facilitar las transacciones internacionales que el oro físico limitaría. Durante los 33 años seguidos que el patrón oro rigió al Sistema Monetario, los países expresaban su moneda en una cantidad fija de oro, estableciendo así unos tipos de cambio fijos para todos los países acogidos al sistema.

Las reservas de oro, pues, tenían que ser equivalentes a la cantidad de billetes en circulación en base a la proporción establecida para cada moneda. El sistema, como cualquier sistema monetario, adolecía de fallas. Pero tenía la virtud, contrario al sistema originado en Bretton Woods, de garantizar los pagos internacionales a la vez que protegía a los nacionales de la devaluación de la moneda y de la consiguiente pérdida y desasosiego que el proceso devaluatorio lleva aparejado.

Tal vez la falla principal del sistema basado en Bretton Woods, sea que el FMI no aplica medicinas preventivas. Viene cuando el daño está hecho, cuando la intervención política en los asuntos monetarios ha creado los desórdenes e indisciplina fiscal que destruyen, económicamente hablando, todo el soporte de la sociedad. Tampoco controla adecuadamente a los gobiernos del tercer mundo, cuyas crecientes necesidades, unida a la indisciplina y nacionalismo trasnochado que caracterizan a nuestros países, nos inducen a violentar todas las normas que harían bueno el actual Sistema Monetario Internacional y pretejerían a nuestra gente de políticos inescrupulosos y economistas ineptos que echan mano de las devaluaciones para robar el ahorro a millones de inocentes que pierden, a veces en solo días, lo que ganaron en docenas de años de duro batallar.

La principal característica positiva del sistema monetario basado en el patrón oro, era la constancia en el valor de la moneda. No había posibilidad alguna de provocar una devaluación inesperada que escamoteara los ahorros de todo un pueblo de un día para otro. Las crisis eran crisis reales, no artificiales como pueden y se crean ahora frente a los propios ojos del Fondo Monetario Internacional. Claro que el sistema, como dije antes, tenía sus inconvenientes. Por ejemplo, beneficiaba a los países poseedores de oro al permitirles emitir dinero en cantidades abundantes en tanto que los países pobres y emergentes, dadas sus limitaciones de oro, tenían que limitar la cantidad de dinero en circulación a sus existencias de oro. También, la falta de liquidez tendía a volverse endémica y a provocar un aumento de la deflación y de los desequilibrios que afectaban a cada economía. Pero aun así, el sistema cumplía los requisitos más importantes de toda emisión monetaria: brindaba seguridad y confianza. Conseguir ambas cosas, en las circunstancias actuales, es muy, pero muy difícil, a menos que aceptemos de una vez por todas la dolarización o, retornáramos, si ello fuera posible, al patrón oro.

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