La estructura del sector agroindustrial en Argentina está atravesando un proceso de transformación significativa. Durante años, se ha considerado que el agro era el principal generador de divisas para la economía del país. Sin embargo, la creciente importancia de los recursos naturales, particularmente en los sectores de hidrocarburos y minería, ha comenzado a cuestionar esta premisa. Este fenómeno, lejos de ser momentáneo, tiene implicaciones profundas que podrían reconfigurar el papel del agro en la economía nacional y afectar su influencia política.
Una economía en cambio: la diversificación como tendencia
El aumento de las exportaciones es un tema que sigue dominando la agenda económica nacional. Según datos proporcionados por INDEC, se espera que las exportaciones de Argentina experimenten un crecimiento del 53% entre 2015 y 2025. No obstante, la participación de los complejos agroexportadores, compuestos principalmente por productos como la soja, el maíz, el trigo y el girasol, muestra una tendencia a la baja. Por ejemplo, su aporte pasó del 42,2% en 2015, alcanzando un pico de 48,7% en 2021, y se proyecta que llegue a 38,9% en 2025.
El economista Pedro Martínez Gerber de PxQ señala que a medida que los sectores de energía y minería ganan protagonismo, se diluye la dependencia de la economía en divisas del agro. Esto no solo podría facilitar la liquidación de recursos sino que también ayudaría a mitigar la estacionalidad que históricamente ha caracterizado a las exportaciones agropecuarias, que suelen concentrarse en ciertos períodos del año.
El agro: un sector que sigue vigente pero que pierde peso relativo
Según Horacio Augusto Pereira, investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral, el agro no está en crisis, aunque está perdiendo simbolismo en su contribución a la economía. Explica que otros motores económicos, como Vaca Muerta y el litio, están comenzando a jugar un papel crucial, lo que implica que el agro no opera en un vacío, sino en un contexto más amplio y diversificado.
Sin embargo, no todos los segmentos dentro del agro tienen un rendimiento positivo. Mientras que cultivos como la soja siguen siendo rentables, otros sectores están en franca caída. La producción frutal ha decrecido un 3% en la última década, el sector textil enfrentó una caída de 30% y la industria avícola sufrió una reducción del 43%. Esto ilustra que el agro es un sector diverso que no puede ser tratado como un bloque homogéneo.
El dilema de la pérdida de poder político
La transformación del agro también podría conllevar una disminución en su influencia política. Pereira subraya que perder peso relativo no tiene por qué considerarse negativo, siempre y cuando el sector continúe creciendo en términos absolutos y la economía se diversifique. En este sentido, Javier Preciado, analista agropecuario, ve con optimismo la dilución de los dólares del agro, ya que esto podría aliviar la presión tributaria que enfrenta el sector.
No obstante, esta situación plantea dudas sobre la rapidez con que se podrían ver resultados en términos de reducción de impuestos. Preciado enfatiza que a corto plazo, el enfoque debería estar en estabilizar la situación fiscal del país más que en la disponibilidad de dólares.
Por otro lado, la disminución del peso del agro en el total de las exportaciones podría debilitar la posición de ciertas instituciones representativas, como la Mesa de Enlace, que agrupa las principales entidades rurales. Según Preciado, el argumento tradicional de que el agro es el «motor económico» se ha debilitado, y su rol ha evolucionado, convirtiéndose en un «burro de arranque» en lugar de ser el motor principal de crecimiento.
Perspectivas futuras: desafíos y oportunidades
Cuando se habla de cómo Argentina puede mejorar sus exportaciones agrícolas, Preciado es cauto al señalar que el país enfrenta ciertos límites para expandir su producción agrícola, debido a la disponibilidad limitada de tierras cultivables. En este sentido, la idea de que Argentina podría crecer al ritmo que lo hace Brasil—con vastas extensiones de tierras fértiles—parece poco realista.
El foco de crecimiento en los próximos años parece estar en mejorar los rendimientos y en la producción de proteínas animales, tal como señala Preciado. También es fundamental no quedarse atrás en términos de competitividad. Pereira advierte que un riesgo subyacente es que el agro pierda incentivos si la moneda local se aprecia debido a la abundancia de dólares generados por los sectores energético y minero.
Esencialmente, la clave para el agro argentino radica en aumentar la productividad y mejorar la logística, así como diversificar su producto final. Convertir granos en productos de mayor valor agregado, como aceites o biocombustibles, y explorar nuevos mercados en Asia y Medio Oriente podría abrir puertas que antes eran consideradas inalcanzables.
En resumen, el modelo agroindustrial de Argentina enfrenta una encrucijada. La llegada de nuevas fuentes de ingresos puede proporcionar alivio y oportunidades, pero también plantea retos que deben ser abordados con astucia y visión a largo plazo.